CINESÍFILIS

EN LA CAMA



En la cama”, del chileno Matías Bize, es un sugerente ejercicio cinematográfico en torno a las relaciones fugaces, al “amor” de una sola noche, a las formas de comunicación que dos extraños dentro de una pequeña habitación de hotel pueden llegar a establecer. La primera impresión que deja un filme como este (una impresión positiva, ciertamente) puede fácilmente desconcertar. Por un lado, estamos frente a una obra que apela a la mirada íntima y sencilla del realizador para generar sensaciones concretas: ciertas situaciones familiares resumidas en un espacio común, diálogos que muchas veces carecen de sentido (y que son de alguna forma comunes en el primer acercamiento a un desconocido), salidas a conflictos generados a partir de ellos e incluso el desvelamiento de algunas posturas frente a asuntos como el sida o el embarazo. Estas sensaciones surgen rápidamente y sus efectos visten con eficacia los –al parecer más honestos– objetivos de Bize. No obstante (este es el otro lado), resulta imposible no sentir que estas características restan, más que suman, al cuerpo último de “En la cama”. Volverla a ver implica que aquellos lugares comunes que en un principio parecían pasarse por alto se extiendan, transmutando en una comunicación entrecortada, de falsos picos dramáticos y extrañas salidas (como la del baile de Daniela, interpretada por Blanca Lewin, o la ¿cómica? escena en el jacuzzi); implica, además, que las luces que en un primer instante habíamos puesto en los actores se dupliquen, tripliquen y hasta cuadripliquen, y que aquello que en un primer momento pareció ser una relación equilibrada (en cuanto a lo interpretativo) devenga en un total desbalance (el personaje de Lewin es quien toma las riendas de absolutamente cada situación “importante” de la noche, concluyéndolas o iniciándolas, lo que hunde y, en consecuencia, resalta las debilidades y superficialidades del personaje masculino, que recae sobre Gonzalo Valenzuela), desmereciendo el eje sobre el que la historia se apoya: dos seres que deciden pasar una noche juntos a expensas de los efectos que ello traiga consigo.

Pese a ello, “En la cama” recuerda, muy en el fondo, que es a partir de lo imprevisto desde donde pueden surgir esos pocos momentos que resultan ser trascendentales. Por sobre el discurso, y atravesando la cuidadosa estética del trabajo (estética que, a pesar del poco espacio de acción en el cual puede moverse, atrae), este es un film que habla sobre la posibilidad del descanso, del vacío que tranquiliza y sobre el cual es posible sacar algunas conclusiones, a partir de lo fugaz, de lo efímero, diríase incluso que hasta de lo fantástico.

Escrito por Alberto Villar Campos @ 1:06 p. m.,

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    "Y de pronto apareció por ahí ese maldito iceberg llamado Poesía o Literatura o Aburrimiento o lo que fuera con la única condición precisa de no devenir en Aburrimiento ni por un instante…". (Pablo Guevarra)
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